“Doña Elita” de Ránquil destaca entre los mejores vinos campesinos de Itata

Usuaria del Cevdelsur, la productora ha sabido mantener alto la calidad de las cepas patrimoniales del Valle del Itata.

Jueves, 5 Diciembre, 2019

Sus botellas se están haciendo recurrentes a la hora de los reconocimientos. El último concurso del vino del Valle del Itata, realizado el 23 de noviembre en Portezuelo, confirmó el vigoroso presente del que gozan mostos que han sabido proyectar la rica tradición viñatera de esta parte del país, en la región de Ñuble.
El éxito se palpa en los vinos de Lirta Elizabeth Fierro, “Doña Elita”. Con su espumante cinsault, la productora de Ránquil obtuvo el tercer lugar de la categoría. Con el mismo vino se adjudicó el premio al Mejor Espumante Ancestral, en los Catad’or Ancestral Awards 2019 realizados en el mes de julio en Santiago.
Los premios, para la productora, son un reconocimiento al esfuerzo invertido.
“Hacer espumante es un proceso largo, son tres meses después de cosechar, que se embotella y después hay que estar dando vueltas permanentemente a la botella”, comenta respecto al método artesanal que mantiene vivo, tal como lo hicieron sus padres, de quienes heredó la elaboración de vinos que ahora le dan un tinte ancestral a su forma de producirlos.
Lirta sabe bien que buena parte de la calidad de sus vinos radica en la forma limpia en que los elabora, una tradición arraigada en su familia.
“Nosotros teníamos el campo que era de mis padres y siempre habíamos producido vino, ahí aprendimos a hacerlo con mucho esfuerzo y sacrificio, a mi es lo que me gusta, por eso siempre me he dedicado a esto”, afirma.
Transmitir esa vocación y metodología ha sido uno de los pilares de su éxito, reflejado en el apoyo enológico recibido, donde destaca el Prodesal de Ránquil y el Centro de Extensión Vitivinícola del Sur.
El respaldo técnico y acompañamiento representan la clave de la producción de un vino de calidad, capaz de pararse de igual a igual en competitivos certámenes viníferos del país.
Hoy, la viñatera mantiene una producción de 15 mil litros, listos para ser embotellados y comercializados. Una realidad inimaginable hasta antes del 2014, donde solo vinificaba para vender a granel, al igual que la mayor parte de la uva generada en sus viñedos de Ñipas, Cerro Verde y Nueva Aldea.
“La verdad es que lo que me llevó a vinificar es que me cansé de regalar la uva por el bajísimo precio que se pagaba, por eso embotellar es lo que me permitió obtener más recursos y herramientas del Estado, yo ahora incluso puedo envasar mi propio vino y comercializarlo por lo que la cadena la estamos haciendo en forma completa”.