De la mano del vino y del turismo viña mapuche apuesta por la innovación

Isolina Huenulao embotella su propio vino de cosecha pinot noir que le da un valor agregado a su emprendimiento turístico en las cercanías del río Imperial. Ahora va por otro logro, la elaboración del primer espumante de origen mapuche.

Jueves, 4 Julio, 2019

Isolina Huenulao asienta cuando se le pregunta si su predio es el viñedo mapuche más austral del mundo. Y también lo hace al reconocer que es la única viñatera mujer y mapuche de la zona.
“Por aquí soy la única y me siento orgullosa”, aclara la productora, quien encabeza un proyecto enoturístico en la Viña Wuanpuhue (lugar de canoas en mapuzungun) ubicada en el kilómetro 17 del camino a Mehuentuhu, en la comuna de Carahue.
Media hectárea plantada con cepa pinot noir, la que mejor se adapta a las condiciones climáticas y terroir de esta parte de La Araucanía, le permitió cosechar 1.400 kilos de uva, de la que obtuvo 700 litros de base espumante pinot noir, con la que pretende producir el que será el primer espumante de origen mapuche.
Junto a las viñas, la productora cuenta con una cabaña equipada para seis personas, conformando ambas unidades las principales atracciones de su emprendimiento enoturístico.
“Acá la gente viene y yo la atiendo con un vino mapuche elaborado con nuestro propio esfuerzo pero con mucho cariño, además nuestro lugar está emplazado en un sector de mucha belleza, que forma parte de una ruta fluvial por el río Imperial, proyecto que también integro y que busca hacerlo navegable para que así esta ruta pueda salir también al extranjero como destino turístico”, explica.
Para la viñatera, el vino que produce, Llanka (joya), es una pieza central en su emprendimiento puesto que le permite dar un valor agregado y aspecto diferenciador.
“Para mi el vino que producimos permite diferenciarnos y eso es lo que intentamos transmitir al visitante como parte de la experiencia que encontrará”.
La historia vinífera de la viña se remonta a los últimos cinco años y ha ido dando pasos trascendentales. “Yo era una usuaria del Prodesal y el Indap escogió a cuatro personas de diferentes comunas para entregarnos plantas y darnos asesoría técnica, asegurándonos que en cinco años no íbamos a producir nada”, relata.
El 2017 la espera comenzó a rendir sus frutos puestos que pudo realizar su primera vendimia, que le permitió a su vez comenzar a vinificar su propia cosecha.
“Nadie nos dijo que esto era el futuro, solo que era un piloto para llegar a vinificar, pero a nosotros con mi marido de inmediato nos pareció un proyecto innovador y ligado al turismo porque nadie hacía algo así. La verdad, no sabía en lo que me estaba metiendo, tuvimos que aprender a podar, plantar, regar y asistir a muchas capacitaciones, también aprendimos a imponer nuestro estilo, yo siempre he querido mantener procesos orgánicos en la producción, descubrimos que al darle talaje a la tierra con las ovejas, podía ayudarme a mantener el pasto a raíz, primero nos dijeron que había que quemar todo, pero nosotros preferimos ponerle oveja y ahí hacemos doble propósito, costó hacer entender al agrónomo pero nos pusimos firmes y ambos nos comprendimos”, afirma Isolina.
Tras producir la uva, el objetivo de la viña fue embotellar, demostrando el espíritu emprendedor de los productores.
“Queríamos probar el fruto de nuestro esfuerzo con mi marido y quería ver si soy capaz porque siempre me he puesto metas para lograrlas aunque sea con esfuerzo y sacrificio, entonces fuimos a la viña Ahinco en Galvarino y ellos nos vinificaron la primera producción, en ese tiempo unas 150 kilos de uva que sacamos la primera vez, con las que logramos embotellar unas poquitas botellas, que sirvieron para invitar a la gente acá y promocionar nuestro propio vino”, explica Isolina.
El año pasado, agrega, “tuvimos una producción que está aún en guarda y este año comenzamos a vinificar acá mismo, instalamos las cubas en el mismo quincho y estamos trabajando ya en nuestra propia vinificación”, cuenta con orgullo.
Primer espumante 
Ahora, la productora espera dar un nuevo salto con su vino y ya se encuentra produciendo el que será el primer espumante pinot de origen mapuche.
Para ello, clave ha sido el apoyo enológico del Centro de Extensión Vitivinícola del Sur, proyecto encabezado por la Universidad California Davis, la Universidad de Concepción y el INIA y que cuenta con financiamiento de la Corfo, cuyo trabajo busca mejorar la calidad de los vinos del sur de Chile.
“La profesional que nos asesoraba en Indap nos habló del centro y así conocimos al enólogo, Edgardo Candia, quien nos está guiando para hacer nuestro espumante, hasta ahora vamos súper bien, pasamos todo el proceso de producción y ahora está en guarda, y durante junio pretendemos embotellar”, relata.
“Lo que hace la señora Isolina es lo que estamos buscando como Centro de Extensión Vitivinícola, en estos casos los productores reciben el acompañamiento de nuestros enólogos, quienes les aportan el conocimiento para que elaboren un vino de calidad que sepa comportarse con éxito en el mercado en especial aquellas tiendas especializadas con un público exigente y conocedor del buen vino”, explica Susan Aguilera Olate, gerente del Cevdelsur.
Para Isolina, embotellar su propio vino es un sueño concretado: “Los sueños se cumplen cuando uno se esfuerza en lograrlo, ese es el espíritu que queremos intransmitir a nuestro emprendimiento y que mejor si es lo que nos gusta hacer”.